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31.1.05

En un lugar de la mar adentro


Amenábar y Belén Rueda celebran su triunfo


Pese al ritmo que había prometido para la ceremonia de ayer su realizador, los anuncios y la cantidad de categorías a premiar se encargaron de alargarla demasiado. El culpable no fue el guión, escaso, sobre todo en las introducciones a los premios, inexistentes. De todas formas, donde eché de menos que los presentadores hablaran algo sobre la categoría correspondiente a premiar (los Oscar están siempre presentes en mi cabeza, y allí introducen muy bien, explicando o alabando el trabajo de los nominados), tengo que reconocer que no estuvo mal la idea de insertar los vídeos de niños explicando a su manera lo que para ellos es un guión, o un actor secundario (me quedo con un niño que lo definió como: En los Simpsons sale uno. Bob"). Por lo demás, los premios se iban sucediendo sin pausa, a un ritmo que si no llega a ser por la publicidad, hubiera sido dinámico. Por esto no vi la ceremonia entera, dado el madrugón que me esperaba hoy. De las dos horas que vi, esto es lo que quiero destacar:

- Los fallos de sonido, que dejaban mudos a presentadores (Daniel Guzmán) y premiados (a los ganadores al mejor sonido, qué ironía).

- Otros errores se vieron en la falta de coordinación entre algunas parejas de presentadores a la hora de leer los premios (en plan: "¿Lo leo yo? Bueno, tú". Podrían haber ensayado un poco más), y algunos sobres, que se resistían a ser abiertos, como si estuvieran pegados con superglue.

- El discurso de la presidenta de la Academia, sobre el estado del cine español, salpicado de referencias y metáforas sobre El Quijote. Cuando denunció la desventaja con la que parten las producciones españolas respecto a las extranjeras en las salas de exhibición, un aplauso interrumpió su soliloquio en el momento en que leía "...Y no hay que olvidar..." Al volver a leer, su silencio parecía indicar que se la había olvidado por dónde iba, hasta que reconoció que se la había perdido la línea.

- Antonio Gala anuncia el premio al mejor guión original a Diarios de motocicleta, pero el premiado no sale al escenario, y el escritor comenta: "Se habrá ido con la moto". La cámara enfoca la platea. Nadie se levanta. Vuelven a Gala, que mira hacia atrás buscando a quien no va a aparecer. Aparece alguien, que le dice algo al oído, y mientras la cámara muestra el busto gigante de Goya sobre el escenario. Vuelven a Gala, y dice que él va a recoger el premio, en nombre de la Academia (con cara de circunstancias).


De esta guisa aparecieron los Fernández Florentino y Bibiana sobre el escenario


- Bibi Andersen y Florentino Fernández aparecen de guisa quijotesca: Ella, subida en un caballo, con el premio preparado desde las alturas, hace una referencia a la censura americana y dice: No me voy a bajar, porque como me incline se me van a ver las tetas.

- Los tacos que algunos premiados metieron en los agradecimientos.

- La crítica improvisada de Belén Rueda sobre los micrófonos con temporizador.

- La maquilladora de Mar Adentro, agradeciendo el premio en inglés. Habría sido más correcto que se hubiera preparado un discurso para el público que la iba a escuchar.

- El comentario de alguien sobre la elegancia de Alaska. Yo la busqué por cada palmo del vestido que la embutía cual salchichón, pero no encontré nada que se le pareciera.

- Santi Millán y Pastora Vega, correctos y aportando un toque de humor al dar paso a los guiñoles.

- La canción de Victoria Abril, que introdujo (parando el ritmo de la gala) el premio al mejor guión.

- El poco acierto a la hora de no emparejar a Daniel Guzmán y María Adánez como presentadores. Hubieran funcionado como pareja ficticia que son, y a él le habría venido mejor María que la compañera que tuvo, por razones de altura.